Las empresas cambian la noción de espacio laboral: oportunidades para los nuevos destinos digitales.

Iñigo Pedrueza
Una parte del futuro de las empresas ya no está en las grandes ciudades, sino en la flexibilidad de los trabajadores digitales.

Los cambios en la noción de espacio laboral de las empresas son una oportunidad para los destinos digitales.

La atracción de profesionales digitales es cada vez más, una realidad necesaria. La pandemia del COVID ha acelerado un proceso, que las nuevas tecnologías digitales ya permiten desde hace años. A finales del año pasado, un artículo del New York Times destacaba la generalización del teletrabajo y de los cambios en los espacios laborales de las empresas. Para mantener a sus trabajadores cerca de las grandes ciudades las empresa van a tener que cuidarles mejor.

Sin embargo, otra tendencia, quizás más inteligente es la que fomentar la virtualización laboral. Muchas firmas, donde los trabajadores pueden realizar su labores de forma virtual, exploran las posibilidades del teletrabajo. Ello conlleva, una gran ventaja a nivel de costes fijos, con una potencial mejora de la productividad, la calidad de trabajo y de vida de esos profesionales.

Un ahorro económico que aumenta la productividad.

Pueblos y ciudades medias son un destino potencial para trabajadores digitales de todo el mundo.

La pandemia ha roto el modelo de trabajo vinculado a espacios fijos, a donde los empleados tienen que desplazarse. Las empresas utilizan aún un gran porcentaje de sus gastos fijos, en inmuebles y servicios relativos a su sede física. La virtualización que el teletrabajo permite, cambia un modelo estandarizado desde hace más de 70 años. Los enormes edificios con cientos de trabajadores dejan de tener sentido, cuando una buena parte de ellos puede trabajar desde su residencia, a decenas o centenares de kilómetros. El ahorro en recursos para las empresas es muy importante, pudiendo destinar esos recursos a contratar más personal, a mejorar salarios o invertirlos en otros elementos.

La productividad puede aumentar también ya que los empleados y profesionales no necesitan desplazarse, no pierden el tiempo en los atascos ni en las colas, y reducen los gastos en transporte. Se abren grandes posibilidades para los empleados y las empresas. Los trabajadores pueden residir en otras zonas del país o incluso en el extranjero. Pueden vivir en zonas rurales, ciudades medias o barrios con menor coste de vida. Con menor estrés, pero más tiempo con la familia, los amigos y la naturaleza.

¿Hacia una flexisecuridad?

La flexibilización del entorno laboral es una realidad. Un hecho del que los nuevos destinos digitales pueden beneficiarse.

Hace unos años el modelo laboral danés estaba de moda. Un modelo denominado flexiseguridad, donde el despido y la contratación son muy faciles para las empresas, pero también donde los subsidios de paro y la formación continua para los trabajadores, por parte del Estado son altísimos. El resultado es que los trabajadores están altamente capacitados, son un valor para las empresas y no una carga. Así, tanto la tasa, como el periodo de desempleo de un trabajador, son muy cortos.

Es cierto que el modelo danés y, por ende el escandinavo, es de difícil aplicación en el resto de Europa. Sin embargo, para ciertos sectores y ciertos trabajadores cualificados, la flexibilidad del teletrabajo puede convertirles en activos de gran interés para empresas y territorios.

Al mismo tiempo, permitiéndoles ganar en calidad de vida, al cambiar su residencia yéndose fuera de las grandes urbes. Ese cambio reduce el tiempo de transporte, ganando en calidad de vida al gastar menos tiempo y dinero en los desplazamientos. Por otro lado, al vivir en zonas menos caras, el coste de los alojamientos y servicios bajará, con un aumento de la calidad de vida al encontrarse en entornos menos masificados, más tranquilos y con mayor contacto con la naturaleza. Finalmente, la llegada de esas personas será beneficiosa para entornos socioeconómicos que necesitan mas consumo, población y actividad.

Para las empresas, el hecho de que sus trabajadores vivan mejor aumentará la calidad de su trabajo y la productividad. El ejemplo ya es antiguo, Google, Apple y otros gigantes del Silicon Valley apostaron por esa vía hace años. A veces con fallos, otras siendo contraproducentes, pero han marcado una senda ya indiscutible. La pandemia del COVID, los nuevos deseos y formas de vida, hacen que este sea el camino, al menos, para un buen porcentaje de los trabajadores.

Una oportunidad para los nuevos destinos digitales.

Los profesionales digitales pueden ser un factor revolucionario en los espacios rurales de Europa.

La llegada de profesionales digitales y sus familias es una oportunidad para los lugares donde se instalen. En primer lugar, por el aporte económico de sus salarios y actividades. Profesionales punteros en sectores punteros absolutamente necesarios para todos los aspectos económicos. La transición digital es una necesidad y una oportunidad para la agricultura, la ganadería, el turismo, la hostelería, la industria, la artesanía, los servicios… Hoy en día, toda empresa o proyecto necesita el píe digital para posicionarse, funcionar, producir y vender.

La dispersión de este tipo de profesional en todo el territorio europeo dará un impulso al acceso y la democratización de estos trabajadores y este conocimiento. La presencia de este perfil profesional catalizará también proyectos locales que no cristalizan por la falta de capacitación, personal, capital o formación.

Para los Estados, este capital humano y económico será una manera de paliar la despoblación territorial y la masificación de las grandes metrópolis. Una solución a fenómenos como el de la España Vaciada o el desert medial francés. Una verdadera solución más allá de los discursos electorales varios o de la vuelta al regionalismo o el nacionalismo.

Planes de atracción basados en las necesidades de los profesionales digitales.

Cientos de miles de profesionales digitales cambiarán de residencia en los próximos años. Para atraerlos a nuestro país, a nuestra ciudad o comarca, es necesario apostar por los factores y las ventajas propias inherentes a ella, los factores pasivos, como son la calidad de vida, el coste de la misma, la tranquilidad, el clima, la seguridad, las comunicaciones, la cercanía de la naturaleza, la joie de vivre que dicen los franceses…

SoftLanding y Aftercare, los elementos clave para atraer durablemente a los profesionales digitales.

Sin embargo, no podemos olvidar que esas características son comunes a muchísimos países, miles de ciudades y comarcas. La clave del éxito de un plan de atracción digital estará en las políticas activas, aquellas que se fundamentan:

  1. en facilitar el descubrimiento del destino, en buena parte por políticas turísticas.
  2. para después convencer a los profesionales digitales de que se instalen en ellas.

Esto será imposible sin políticas claras y eficaces de sortlanding y aftercare. El aterrizaje de los profesionales digitales debe ser lo más fácil y rápido posible. El seguimiento de sus necesidades como nuevos ciudadanos también es esencial. Porque no olvidemos que se trata de personas que ya trabajan y que no pueden destinar demasiado tiempo a cuestiones burocráticas o administrativas. La clave es, instalarlos lo antes posible, para que generen beneficios económicos, impuestos, consumo y se integren como catalizadores socioeconómicos en el nuevo lugar donde residan.

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